Nosotras, personas lectoras que hemos tenido la suerte de inaugurar este primer Retiro Lector Almudena Grandes en El Jardín de Castillo (Castillo de Locubín), no hemos leído El lector de Julio Verne, lo hemos habitado. Hemos comido sus recetas, paseado por los entornos que describe, honrado a los muertos de los que habla y conocido a sus protagonistas.
Nos hemos acercado a su autora, Almudena Grandes, a través de uno de sus más íntimos amigos, el agradecido Cristino Pérez Meléndez. Él, inspirador de El lector de Julio Verne, compartió con nosotras el proceso creativo de Almudena para hacer de una historia pequeña y particular, una historia universal que nos ha atravesado y nos ha hecho vivir en una tierra y en una época que no es la nuestra.
Porque leer es hoy en día un acto de resistencia, de calma, de consciencia y de lucha contra el olvido. Por eso, leemos para no olvidar ni a los vencidos ni a los invisibles. Leemos para no olvidar que el mundo rural sigue siendo tan imperceptible como lo era en las páginas de Almudena y que hay pueblos congelados en el tiempo con heridas que la democracia no ha sabido enmendar. La literatura, sin embargo, los nombra cuando nadie más lo hace.
Leemos porque la literatura nos permite crecer interiormente, desterrar ese ruido mental que nos acecha en esta sociedad hiperconectada. Leemos porque un buen libro es una ventana al conocimiento, a un vocabulario que modela nuestro pensamiento y que, sobre todo, nos hace más libres para interpretar y hasta dudar de nuestros propios recuerdos.
«No hemos leído El lector de Julio Verne. Lo hemos habitado»
Leemos juntas y aquí, en El Jardín de Castillo, porque leer en comunidad, debatir, compartir sensaciones, prácticas de yoga y meditación ha supuesto una comunión, un encuentro que ha generado una energía propia entre todas las personas lectoras. Leer así ha multiplicado lo que este libro puede hacer por cada una de nosotras.
Por todo lo vivido, experimentado y leído, creemos que hemos sido unas personas privilegiadas y que, justamente, ese privilegio nos obliga a leer, a recordar y a contar. Así que nos comprometemos a difundir su obra, a leer sus novelas, a hablar de todos aquellos y aquellas que encontraron en las páginas de las novelas de Almudena el sitio que la historia les negó, a reivindicar el derecho del mundo rural a ser tenido en cuenta y a que sus gentes sean valoradas. Nos comprometemos, en este mundo acelerado e inhumano, a recuperar la charla pausada pero también el silencio, a encontrarnos interiormente para hacer de esta sociedad un mundo más amable.
Gracias, Almudena.





